sábado, 12 de julio de 2014

La Salita: empieza el tour gurmetero

La idea del tour y el blog nació cuando vimos a Begoña Rodrigo en Top Chef y decidimos que, siendo de Valencia, teníamos que ir a probar su comida porque nos hicimos muy “fanses”. Después se nos ocurrió que podríamos hacer un tour por diferentes restaurantes de Valencia y hacer un blog para plasmar dichas visitas con críticas gastronómicas.
Por fin, después de muchos meses, hemos podido iniciarlo en La Salita, con muchos nervios y muchas ganas de disfrutar de la experiencia. No somos críticas, por lo que lo que contamos lo contamos desde nuestra humilde e inexperta opinión. No somos aún gurmés, sino que aspiramos a serlo una vez concluya el tour.

***
 
9 de julio de 2014

La Salita
C/Séneca 12
Valencia
www.lasalitarestaurante.com
Telf. 963817516

Reserva: Como sabéis la reserva la pudimos hacer tan ricamente a través de la app para android de La Salita. ¡Dos meses antes! Pero es que no nos queríamos arriesgar a quedarnos sin sitio y sin Tour.
Servicio: la atención fue espléndida, cuidando el detalle y el bienestar de los comensales.
Ambiente: acogedor, moderno e íntimo, como en la salita de tu casa.
Localización: aunque está apartado del centro al estar situado en una zona próxima a las universidades, es muy accesible tanto en transporte público como particular.
Precio:
2 menús de 7 platos+postres+pan
4 cervezas Turia
Total: 100,89 euros (50,45 euros por persona)
Relación calidad-precio: extraordinaria. Nos sirvieron un menú con un total de nueve platos que si lo dividimos entre el precio del menú completo sale a unos 5 euros y pico el plato. Teniendo en cuenta el detalle, la calidad de los productos y el pensamiento creativo que hay detrás nos parece incluso barato. Obviamente, no es un lugar al que ir todos los días, pero es una experiencia asequible para un día que te quieras dar un homenaje.

MENÚ Y CRÍTICA

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“El árbol de la vida”
Abre el menú una reinvención creativa y original de los entremeses. presentados como frutos que penden de las ramas de un árbol. Nuestra primera reacción: madre mía, qué trabajazo poner todo eso ahí. El camarero, muy atento y amable, nos indicó el orden en el que había que atacar el plato. Segunda reacción: ya no sé si va primero la sardina o el foie, ¡tendría que haber tomado apuntes! Con cuidadín no montáramos un 2 de Mayo, degustamos el chip de patata con sardina, pasando por el tomatito cherry relleno de tartar, una coca de dorada, bombón de foie, cono de espinacas y queso de cabra para terminar con un buenísimo diamante de queso azul recubierto de chocolate blanco. Si la presentación nos había entusiasmado, el recorrido por las ramas completó una experiencia diferente de degustar un plato. ¡Ostras! y bueno estaba, ¡buenísimo! Sobre todo, y ahí convinimos ambas, el diamante de queso azul, ¡Póngame una docena!
Laberíntico / Arquitectónico

Champagne de gazpacho andaluz acompañado de una coca de tartar de bonito
Burbujeante / trampantojil
Después de la original introducción, llegó a la mesa un gazpacho sin color de gazpacho y con burbujas y una coca de bonito (coca de verdad, no como la de “les coques” de Chicote). Patidifusas nos quedamos al ver el gazpacho y, por supuesto, ansiábamos probarlo, aunque empezamos por dónde y cómo se nos indicó: la coca y con las manos. El primer bocado nos transmitió la sabrosura y el frescor del aguacate con el bonito, la cebollita y otros ingredientes frescos. Veredicto: ¡estaba muy gustoso!, por lo que cuando nos queríamos dar cuenta ya nos la habíamos terminado y el champagne
de gazpacho nos miraba con deseos de que lo catáramos. Cogimos el vaso, lo miramos incrédulas al ver el color a champagne y los trocitos de cebolleta flotando (¿era cebolleta?), lo olimos y pegamos trago. ¡Sabía a gazpacho o por lo menos tenía un gusto muy conseguido! Lo bebimos a traguitos, manteniéndolo en el paladar y recordando el sabor a gazpacho. Si no era gazpacho, te lo evocaba; así que como concepto creativo nos pareció sorprendente.


Mediterráneo
Mejillones con salsa de espinacas y bachoquetas con boquerón e hinojo encurtido
De nuevo con una presentación cuidada al detalle nos sorprendieron con un plato de  pescado. El conjunto era sabroso, aunque la combinación de sabores se perdía en la boca y no se apreciaban las espinacas, las bachoquetas y el boquerón. El gusto a mejillón e hinojo lo invadía todo (¿tenían oferta de hinojo en el mercado? Su presencia a lo largo del menú fue contínua). Sin embargo, lo que nos puso a aplaudir como adolescentes en un concierto de One Direction fue descubrir un par de esferificaciones, ¡Esferificaciones! tanto tiempo riéndonos del palabro y viendo a los aspirantes de Masterchef sufrir para hacerlas y por fin las íbamos a probar. ¿Resultado? El sabor potente del mejillón se condensaba en una bolita de piel gelatinosa que se deshacía en la boca. Probarlo fue como desbloquear un logro del Mario Bros ¡Bonus track por esferificaciones conseguido!

Degustación de arroz de plancton y pulpo
La vie en vert / Planctástico
Un nuevo plato y una nueva muestra de fantasía, el arroz apareció en un plato que emulaba un pabellón de música (¡ojo al detalle!, cada comida del menú iba en un plato diferente). Recubierto con láminas de pulpo finísimas y riquísimas, gotitas de mahonesa de salsa mery y remolacha, aguardaba un arroz meloso de color verde (¡ahí el famoso plancton de Ángel León!) con un potente sabor a mar. La verdad es que el sabor era extraordinario. Dudamos, y dudamos mucho, sobre si ese fondo marino
era obra y gracia del plancton o tenía añadido un fondo de pescado. Al final no lo preguntamos en directo (porque somos idiotas y nos daba vergüenza) y recurrimos a twitter y la mismísima Begoña nos respondió que llevaba un caldo de berberechos y navajas potenciado por el plancton. ¡Gracias Begoña por sacar tiempo para responder a estas friki monguers!
No sabemos si la vena valenciana influyó, pero este arroz nos ganó el corazón, el paladar y, ¡un plato más grande, por favor! Al terminar el plato sólo un pensamiento rondaba en nuestra cabeza: ¡Quiero ser la nueva chef del mar!

Piripi / Achispante




Granizado de gin tonic
Y para limpiar el paladar y cambiar de pescado a carne, nos trajeron un maravilloso y equilibrado granizado de gin tonic. Oda al granizado de gin tonic de La Salita. No sólo nos sirvió para que nuestra boquita no supiera a mar y pudiéramos abordar la carne sin problemas, sino que nos ayudó a potenciar nuestro estado “chispolín” y a aumentar nuestro número de sonrisas por segundo.










 Pitu de caleya, pasta fresca y trufa de verano
Salsero / Tradicional
¿Pitu de qué? Ese fue nuestro pensamiento al leerlo y escucharlo. El pitu de caleya es un pollo de corral (nos explicaron) que guisadito con un acompañamiento de trufa y pasta fresca (tan buena que se te deshace en la boca) te retrotrae, estilo  Anton Ego en Ratatouille, a la mitad de la campiña donde
tu yaya hacía esos guisos de pollo, sopas cubiertas y cociditos ricos ricos que tanto recuerdas. Nuestro inexperto paladar no notó mucho la aportación que le daba la trufa y, pese a que estaba muy bueno y sabroso, no nos sorprendió. Como curiosidad, rastreando por la red hemos descubierto que el término “pitu de caleya” está en bable y significa “pollo de aldea”.

Bambi / Artístico
Ciervo, regaliz y remolacha con tuétano vegetal
La carne de caza, como mandan los cánones, se sirve poco hecha. Ninguna de las dos somos fans de la carne sanguinolenta, pero las raciones de ciervo, jugosas y tiernas estaban deliciosas y absolutamente en su punto. El acompañamiento de tuétano vegetal era original, pero lo que nos ganó el corazón fue la cama de remolacha y queso gorgonzola. El regaliz, era inapreciable, pero el queso con el conjunto estaba de vicio. ¡Póngame una cama de esas


Castaña de tiramisú de turrón
Empalagoso / Café al poder
Acafeses, chavales, apartaros de este postre porque no es para aficionados. Ya sabéis que a mí me pirra el café y debo reconocer que este tiramisú estaba cargadito cargadito. La textura era ligerísima y la cobertura de chocolate ligera y de un brillo espectacular. Un postre para deleitar a los amantes del café. Sin embargo, después de la cantidad de platos, nuestra barriga estaba demasiado llena como para poder disfrutar de un postre tan dulce y amargo a la vez; quizá nuestro paladar habría agradecido terminar con algo más fresco, con algún postre de frutas, con algo más veraniego. Tal vez en el próximo cambio de menú lo cambien, lo mantengan, lo reinventen o se adapten al mercado… ¡Es lo genial de La Salita, siempre en evolución creativa!

Maleni / Festivo
Tenderete de petit fours
De nuevo llegó a nuestra mesa una cuqui presentación arquitectónica y creativa de pequeños bocaditos dulces para acompañar un café que no tomamos (ya habíamos tenido suficiente con el tiramisú). El sueño de cualquier “maleni”: macarons de  ¿mora? ¿eran violetas?, pastelitos de manzana, rollitos de bizcocho, bombones de chocolate y unas galletitas de jengibre con forma de camiseta que, como decía el título, colgaban como de un tenderete. Aunque el sabor era muy rico tal vez podríamos poner algún ‘pero’ a la técnica de decoración de las galletas que después de los esfuerzos para delinear a la perfección con la glasa a golpe de consejo de Alma Obregón, una se pone tiquismiquis. Y aún a riesgo de caer en coma diabético después de la castaña y el tenderete, no podemos cuestionar su originalidad y el sabor del broche dulce final.




Conclusión
Dos horas y media estuvimos comiendo y disfrutando, no porque tardaran en sacar los platos, sino porque entre comer, comentar, reír y saborear se nos pasó el tiempo volando. Una experiencia para repetir. Algo que nos gustaría señalar para terminar es el detalle y el mimo que parece que hay detrás de cada plato, el concepto creativo que subyace en cada uno de ellos y la dedicación puesta en escena. Del mismo modo hemos querido realizar esta entrada larguísima: con el detalle, cariño y mimo que cada plato se merece.
Mejor plato:Degustación de arroz de plancton y pulpo
Peor plato:Tenderete de petit fours
Valoración: SSSSS (sobre 5)

martes, 8 de julio de 2014

¿En lo más íntimo quiero CHILI?

Aquí nuestra primera entrada de la sección Palabra de chef. Esta sección pretende comentar aquellas expresiones o léxico relacionado con la comida o la cocina que por diversas razones nos llaman la atención o dan mucho juego.
                                          “En lo más íntimo quiero Chilly”
Esta primera expresión no está directamente relacionada con la comida, pero nuestro escaso nivel de inglés nos hizo preguntarnos (nosotras y toda España) por qué queríamos “chilly” en lo más íntimo. ¡Que sí! Que sabemos que “chilly” significa “fresco” en inglés. Pero la gran pregunta es: ¿a qué mente sobrehumana se le ocurrió que en España una mujer querría ponerse “chilly” en los bajos? 

Cualquier mujer española lee “chilly” y lo primero que piensa es en una guindilla roja picantona y si piensa que se lo tiene que poner ahí abajo, ¡válgame dios! A no ser que, por una de aquellas, sea de la marca Durex y piense que es el típico “efecto calor” de lubricante, pero menudo calorcillo si te ponen chili en el gel íntimo o te descuidas y se lo echas a las alitas picantonas pensando que es un chili en pomada, de estos fashion de comida de vanguardia. 

Vamos, que el responsable de publicidad de España se cubrió de gloria. ¿Fue un error o realmente buscaba llamar la atención en la población española? Desde que salió el anuncio lo hemos visto en muchos supermercados y vamos a confesar que lo compramos sólo para saber si el efecto era fresco o picantón. ¡Dejémoslo en que el eslogan no va tan desencaminado…!

domingo, 18 de mayo de 2014

Calentando motores para el Tour Gurmetero

Nos llena de orgullo y satisfacción comunicaros que, por fin, el día 9 de julio empezará nuestro súper Tour Gurmetero por Valencia. El restaurante que inaugurará este recorrido será La Salita de Begoña Rodrigo, ganadora del primer Top Chef España. 
Os informarmos de que La Salita, al tanto de las nuevas tecnologías, permite realizar la reserva mediante su app, cosa súper práctica en los tiempos que corren.

La verdad es que estamos entusiasmadas con la inauguración del Tour y pensamos retransmitir en directo el menú, fotos y nuestras impresiones a través de nuestra cuenta gurmetera en Twitter

Dicho sea de paso que este blog nació de la idea de publicar las entradas del Tour. Poco a poco nos surgieron ideas con las diferentes secciones, ampliando de esta manera el blog y dejando a un lado el verdadero origen de este. La distancia que nos separa no nos había permitido iniciar el recorrido, pero con la llegada del veranito y la vuelta a la terreta, en menos que canta un gallo estaremos zampando y afinando nuestro paladar en La Salita.

Cuenta atrás: en menos de dos meses os estaremos informando de la cata



domingo, 4 de mayo de 2014

¿Desencanto con Masterchef 2?


Si el primer Masterchef España causó sensación y dejó momentos televisivos inolvidables: Maribel y sus alcachofas, las tartas tróspidas, el malote David, Ferrán Adriá bendiciendo el programa con su aparición en la final, etc. Ahora parece que la segunda edición del programa no acaba de cuajar. Sólo ha habido dos capítulos, si no contamos los cástings y ya parece que algunas pruebas nos dejan una sensación de dejà vu: la incursión militar o el desastre tartil. Estamos ante situaciones que ya hemos vivido con anterioridad y ya no nos sorprenden ni causan la misma risa que nos causaron entonces. 
¿Esto no es una judía gigante?

Por otro lado tenemos a los participantes. Aquí tenemos novedad: la participación de una vegana, y claramente ha sido seleccionada más por el juego que puede dar que por sus dotes culinarias (aunque eso ya lo veremos según transcurran los programas). Sus comentarios de amor a la naturaleza nos causan más risa que reflexión. No por que estemos en contra de los veganos, sino porque creeemos que se dignificaría más a este grupo si apareciera un representante con argumentos sólidos y no con argumentos hippie-flowers. De momento, nos está proporcionando momentos divertidos y novedosos: su enfrentamiento a la cabeza de cerdo y la prueba sin carne (que hasta el mismímismo Pepe reconocía que era una prueba complicada para él).

Con otros concursantes volvemos al dejà vu: Mateo (el nuevo Fabián) o Churra (la nueva Maribel).

Otros apuntan maneras y ya se nota su talento culinario: Emil (empieza fuerte, veremos si se nos desinfla), Marina (muy metódica), Milagrosa (¿demasiado ama de casa?)...

Y a otros se les ve demasiado el plumero televisivo (véase Gonzalo, el profesor de yoga con menos paz interior del mundo).

Estamos en el principio y aún no sabemos los verdaderos talentos escondidos o los que parecen que tienen dotes pero caerán por el camino. El jurado experto compuesto por Pepe Cromagnon, Samantha Lomana y Jordi Buenorro decidirá. A los cuales, dicho sea de paso, se les nota más cómodos que en la edición anterior, si bien siguen leyendo su guión con la cadencia de un robot de cocina.

Por último, uno de los mayores inconvenientes sigue siendo la duración del programa: ¡dos horas! Cosas que podríamos hacer en dos horas: hacer el pino, leer un libro, hacer una receta, ducharse, cortarse las uñas de los pies, cantar I want to break free a todo volumen, ______________ (añada la actividad que más le interese). Deberían aprender de su homólogo estadounidense y dejarlo en 40-45 minutos, a algunos de nosotros nos gustaría tener una vida.

En cualquier caso, parece que el programa tiene tirón y su merchandising ha crecido. Tentadas estamos a adquirir un número de la revista oficial y pispar entre sus páginas para contaros qué se cuece en el backstage :P

Y hoy nos despedimos a lo Eva González: ¡Pónganle sabor a la vida!



domingo, 27 de abril de 2014

Receta rápida de bizcocho

Esta es una de esas recetas súper sencillas que lo mismo sirve de merienda (a mí me ha sacado más de una vez de un apuro con visitas inesperadas que se presentan a media tarde), de desayuno (ñam, ñam, ¡con acompañamientos como este hasta apetece levantarse temprano!) o como de postre (acompañado de un buen helado de vainilla, chocolate o nata, está de rechupete). 
Una de las ventajas de este bizcocho es que está hecho con ingredientes que todos tenemos en casa. Me dan rabia esas recetas que te piden limaduras de patata de Madagascar y carne de unicornio rosa. ¡Paso más tiempo buscando los ingredientes que en la cocina! pero seguro que tenéis todo esto en vuestra nevera:

 

- Un yogurt (bien natural o de limón. Si no teneis yogurt se puede sustituir por leche)

- Una medida con el vasito del yogurt de aceite (mejor de girasol para que no le robe el sabor)

- Un vaso de harina

- 1 sobre de Levadura 

- 2/3 de vaso de azúcar

- 2 huevos



 
PASO 1: Los secos
Tamizamos la harina con la levadura y lo dejamos en un bol. Con un sobre de levadura el bizcocho sube perfectamente. Yo tengo por costumbre usar 1/2 sobre de levadura y 1/2 de gaseosa y así evito que suba demasiado y se me rompa por arriba. Con la mezcla el bizcocho se queda llanito pero muy esponjoso.
 
PASO 2: Los líquidos
Por otro lado mezclamos los huevos, el azúcar, el aceite y el yogurt bien a mano (cuidando que el axúcar se integre del todo) o bien con la batidora. Una vez tenemos un batido de color melocotón y con espumita por encima se lo añadimos a la harina.
En este punto podemos añadirle por ejemplo almendra (con almendra molida está riquísimo y con trocitos más grandes también) o chocolate ( con chips de chocolate es una merienda de lujo. Y si lo queréis como postre podéis hacerle directamente una cobertura cuando lo saquéis del horno).


 
PASO 3. Ponerlo en un molde adecuado
Para los bizcochos venden unos moldes metálicos específicos, pero yo prefiero los de silicona ya que ni se pegan ni necesitan ser engrasados. Vertemos la mezcla en nuestro molde y...


PASO 4: ¡Al horno!
... lo metemos en una de las bandejas inferiores del horno a 180º durante unos 30 minutos. Ya sabéis que cada horno es un mundo así que si os animáis a prepararlo comprobad que está hecho por dentro con la técnica del palillo (lo pincháis y si sale sucio se deja un ratillo más, de lo contrario, está listo). 


PASO 5: ¡Comérselo!
Y nos comentaréis qué os parece ;)





lunes, 21 de abril de 2014

Enfrentamiento huevero

La mona es un pan dulce y esponjoso al que se le da forma de animal y que suele decorarse con anisetes de colores y que, al menos por esta zona, suele estar destinado a los niños; por eso, aunque tradicionalmente se acompaña de un huevo duro con el tiempo este se ha venido sustituyendo por un huevo de chocolate, ¿qué es mejor?
Podeis encontrar la receta AQUÍ
Hay muchos huevos famosos. Está el huevo de Colón, los huevos de Fabergé, el archiconocido manda huevos de Federico Trillo, los huevos rotos de Lucio o los huevocartoon. Pero ahora, si hay unos huevos importantes, unos que son objeto de disputa, esos son los huevos de la mona de Pascua.
La mona es un dulce típico de Valencia y otras colindantes, que se elabora en semana santa  junto con los tradicionales pan quemaos y coques de panses i nous (cocas de pasas y nueces).

¡QUE COMIENCE LA DISPUTA!

SONIA - HUEVO DURO

Cuando eras pequeño, sabías que se acercaba la Pascua porque el recreo del colegio y los parques se llenaban de niños con combas cantando el "cocherito lerelé". Era un fenómeno inexplicable porque las cuerdas para saltar sólo aparecían en esa época y se esfumaban al terminar la Semana Santa. Lo mismo pasaba con las monas de Pascua. Salías a comerte la mona con tu cuerda bajo el brazo y lo único que deseabas era llegar, coger el huevo duro y buscar a alguien para estampárselo en la frente. Porque, amigos, el huevo duro se rompía así, siguiendo un método estricto que consistía en buscar a tu presa, levantarle el flequillo (si lo tenía), echar el brazo hacia atrás para coger impulso, hacer un amago de estamparlo y ver cómo cerraba los ojos con fuerza, ver su cara de asombro al ver que no se lo habías estampado y en ese momento de distracción: ¡zas en toda la frente! Después se repetía el proceso, pero contigo como víctima. 

Aún hoy sigo encontrando placer en estampar un huevo duro en la frente de alguien. Además que la combinación de mona con huevo es exquisita, digna de cualquier gurmé. Con el tiempo, he ido observando cómo desaparecían los huevos duros de las monas y lo difícil que es hoy en día encontrarlos. La última vez tuve que pedir expresamente que me reservaran una con huevo duro y mi asombro al ver que era un huevo duro tal cual, sin rastro de pintura, de color. ¿Cómo va a querer un niño un huevo duro con color de huevo duro? Normal que prefiera el kinder, que por lo menos lleva sorpresa. Antaño todos los huevos eran de colorines y lo más bonito era ver cómo esos colores se te quedaban pintados en la frente junto con algún anisete. 

Dicen que los jóvenes de hoy en día están perdiendo los valores esenciales y puedo afirmar que el cambio de huevo duro a huevo kinder ha influido en este hecho. ¿Cómo? Los niños actuales se comen la mona esperando una sorpresa, un juguete, es decir, sólo se comen la mona porque lleva un regalo con envoltura de chocolate (para más inri). ¡Qué valores son esos! Los niños de antaño disfrutaban con su mona por el mero hecho de ser Pascua, de estampar inocentemente el huevo duro fomentando así la cofraternización.

¡No dejemos que el chocolate nos confunda! ¡No deje que los jóvenes del huevo kinder dominen el mundo! ¡Exijan su huevo duro coloreado en la mona!


SILVIA- HUEVO DE CHOCOLATE

En el principio de los tiempos, cuando eran los padrinos los que te traían la mona al campo donde estabas de torrá (ni barbacoa ni nada, aquí se llama torrá) la mona de huevo duro consituía una merendola en toda regla. Una merienda 'deconstruída' casi, al estilo de la cocina de vanguardia ya que tenías tu pan dulce en una mano, el huevo duro en la otra y tu madre dándote longaniza de Pascua a espuertas. Una merienda salada riquísima, hay que reconocerlo. Pero, ¿ahora? ahora, paulatinamente, los adornos de chocolate que antaño se reducían a un par de bolitas junto con el pollito de turno (adoraba esos pollitos) han ido ganando terreno (¡¿cómo resistirse?!), primero se asediaron los alrededores a base de añadir más y más figuras de chocolate a la superficie y finalmente se conquistó ¡el castillo!, digo ¡el huevo! que fué sustituido por una réplica chocolateada, ¡ñam! Pero ese no fue el final pues en algunas arriesgadas confiterías, incluso el pan, la mona mona, ha sido conquistada por el chocolate convirtiéndose en una figuración hecha, completamente de dulces piezas de bombón.
Hasta yo reconozco que eso pierde por completo la esencia de la mona de Pascua, pero lo del huevo de chocolate es una dulce transición a mejor
Lo que antes era una merienda salada se convierte en una bien dulce lo cual tiene bastante más sentido y es mucho más divertido. El pan de la mona y el chocolate están hechos el uno para otro. Además, con un poco de suerte, el huevo de chocolate lleva un juguete. Eso es ya algo bueno para los niños pero, ¿y para los mayores que nos compramos las monas a hurtadillas diciendo que son para nuestros sobris aunque no tengamos ni hermanos? ¡es un plus de felicidad! "venía con la mona" es la mejor excusa para comerte un huevo kinder a los 30.
Por eso, reivindico la mona de huevo de chocolate, porque lo dulce llama a lo dulce, porque el chocolate siempre gana y porque, ¡me encanta!
 


domingo, 13 de abril de 2014

Paella en la maleta

6 de la mañana, cola, embarque, buscar sitio, dejar maleta, sentarse, abrocharse el cinturón, sueñecito, niño llorando, sueñecito, cambio de postura, sueñecito, 8 de la mañana, media hora para aterrizar, revista de la compañía aérea… ¡Uy! Artículo sobre “The real Paella”.
the real paella.jpg
Revista de Wizzair Abril-Mayo
 Lo más sorprendente es que el artículo está bastante bien, habla sobre la cuna del arroz: Sueca, de la terreta, de la “paella valenciana”, la diferencia con los otros tipos de paellas, aparecen algunos cocineros reconocidos como Ricard Camarena. Así que era inevitable que me tocara la fibra sensible.

Somos valencianas y, por supuesto, la paella es sagrada. Nunca o casi nunca solemos comer paella fuera de casa, ¿por qué? Porque nunca cumple con las expectativas, nunca está como la hace tu madre, tu abuela o tu tío. Ni siquiera en Valencia; mejor ni hablamos si es fuera de la Comunidad Valenciana: un rotundo NO. Y si ya viajas al extranjero, NI HABLAR. En el extranjero y en muchos lugares de España se entiende la paella como “arroz con cosas” y, claro, no hay nada más típico español que el chorizo, ergo, la paella lleva chorizo de toda la vida. No solo la paella, cualquier plato español que se precie llevará chorizo, por lo menos en el extranjero. (véase el siguiente artículo de El Comidista)  No sólo eso, sino que te entra un sofoco al ver cosas como estas en los supermercados: 
Producto real de Carrefour en Rumanía
Y para colmo, sobre todo en tu más tierna infancia, debes enfrentarte en todos los bautizos y comuniones al llamado “Menú niños” que, sin lugar a dudas, lleva como plato principal: paella. ¿Deliciosa? Podrías utilizar los granos de arroz como balas para asesinar al cocinero.

Seguramente estaréis pensando que los valencianos son unos exagerados con su paella valenciana de las narices y que no es para tanto. ¡Pues sí que es para tanto! Se nos acelera el pulso cuando vemos en una pizarra de restaurante “paella” pensando en la aberración que estarán cometiendo en su nombre. Utilizan su nombre en vano en la mayoría de cartas y ¡ármate de valor si ves a alguien removiendo el arroz durante la cocción! Además, la mayoría de valencianos nos vemos en la necesidad de opinar siempre sobre este tema, aunque en tu puta vida de mono hayas hecho una paella (no cuenta aquella que hiciste con tus amigotes en las fiestas del “poble” alcoholizado hasta las trancas). Si encima vives en el extranjero, tienes que ir desmintiendo que “eso” que venden ¡no-es-pa-e-lla!

Por lo tanto no es raro que ante esta situación aparezcan iniciativas como la de Wikipaella con la intención de difundir y dignificar a la auténtica paella, cuyo manifiesto comulgamos y aplaudimos. Esta wiki pretende aglutinar las diferentes paellas valencianas que se hacen a lo ancho y largo de la Comunidad Valenciana mediante la aportación de recetas, ya sean de particulares o restaurantes. En su página se pueden consultar los resultados de las estadísticas extraídas de las recetas que se han subido, sabiendo así cuáles son los ingredientes más frecuentes y aquellos peculiares de determinada zona de la comunidad. También os sugerimos que visiteis los divertidos 15 pasos para comer una paella “com déu mana” que aparece en su blog (tema no menos controvertido).

Así que, después de casi tres años fuera de España, cuatro meses desde la última vez que estuve en casa, cuatro meses sin probar una paella, dos meses hasta que pruebe la siguiente (de mi madre, por supuesto), sin lugar a dudas me metería una paella en la maleta (pero valenciana que conste).

Por último, la pregunta del millón: ¿Son capaces las gurmés valencianas de hacer una paella valenciana como la terreta “mana”? PASAPALABRA